La Capilla Palatina fue descrita por Guy de Maupassant como la iglesia más bella del mundo y se encuentra dentro del Palacio Normando, construido en la Palaeópolis, la parte más alta y antigua de la ciudad. La capilla, que significa “capilla del Palacio”, fue encargada por Roger II de Altavilla, el primer rey normando de Sicilia, y se utilizó como capilla privada desde 1130. En su exterior original apenas queda nada de la fachada primitiva, ya que fue incorporada a estructuras más recientes; originalmente estaba aislada con el ábside orientado al este según la tradición bizantina.
Arquitectura e identidad dual
Al oeste se alza una iglesia latina de tres naves separadas por diez columnas de granito, y al este, en el presbiterio, se encuentra una pequeña iglesia bizantina de forma cuadrada coronada por una cúpula hemisférica que recuerda a las de Grecia o Turquía. A primera vista parece una iglesia cristiana típica, pero una observación más detenida revela dos pequeñas iglesias distintas en su interior.
Las inscripciones en las paredes, escritas en latín y en griego, muestran que en tiempos de Roger II ambas tradiciones convivían en armonía y que se celebraban oficios en los dos idiomas. La capilla es fruto de una época de gran creatividad en la que artistas de orígenes y sensibilidades diversas trabajaron juntos, reflejando la política de tolerancia promovida por Roger II.
Materiales y simbolismo de los mosaicos
Los mosaicos bizantinos están formados por dos láminas de vidrio entre las que se interpone una capa muy fina de oro, de modo que lo que brilla es el oro, símbolo de la Palabra de Dios; Dios es luz y para representarlo se emplea lo más precioso que existe.
Normandos, bizantinos y árabes trabajaron juntos en la capilla gracias a la política de tolerancia de Roger II, que adoptó un lenguaje visual comprensible para todos en una época en la que no todos sabían leer y escribir; la capilla funciona como un libro ilustrado que narra las historias de Cristo, del Génesis, del Antiguo Testamento y de los apóstoles Pedro y Pablo. El suelo, hecho con piedras preciosas como el pórfido, presenta una influencia árabe, al igual que las palmetas estilizadas en las paredes sobre las que se disponen los mosaicos bizantinos.
Geometría e iconografía del presbiterio

Al observar el presbiterio se aprecia la ingeniosidad de sus constructores: todo tiene un significado y nada queda al azar. El presbiterio aparece primero como un cuadrado, símbolo de la tierra y de sus cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego; en el tambor la forma se transforma en octógono mediante nichos dobles en las esquinas, y el ocho representa la resurrección y el juicio universal, un paso hacia la perfección que conduce al círculo, figura sin principio ni fin que simboliza a Dios.
La cúpula simboliza el reino celestial, con Cristo como señor supremo rodeado de arcángeles y ángeles; alrededor de la cúpula aparece la inscripción “El cielo es mi trono, la tierra es el escabel de mis pies” (Isaías 66:1; Hechos 7:49). En el tambor figuran los cuatro evangelistas y los profetas, y en el ábside aparece Cristo Pantocrátor bendiciendo en griego con la mano izquierda y sosteniendo la Biblia en la derecha, con inscripciones en griego y latín que proclaman “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
Debajo de esta imagen se encuentra la Madonna, que no es original del siglo XII sino una adición barroca colocada para cubrir una ventana que antes dejaba entrar los primeros rayos de sol; la Madonna original puede verse sobre el arco anterior al ábside representando la Anunciación con el ángel Gabriel, una paloma y un rayo de luz que simboliza al Espíritu Santo.
También destaca la representación de la separación de la tierra y el mar mediante un globo terrestre acuático con tres continentes conocidos entonces —Europa, África y Asia— divididos por franjas de mar que forman una Y, símbolo de la Trinidad; puede verse asimismo la escena de la creación de Adán, donde el rostro de Dios guarda gran semejanza con el de Adán, subrayado por la frase latina “creavit hominem ad imaginem suam”.
Techo y arte islámico
El techo es único en el mundo y de gran valor: se trata de un artesonado fatimí de muqarnas, es decir, de “estalactitas” o alveolos autoportantes, compuesto por tablillas muy finas de Abies nebrodensis (abeto de los Nebrodi). Lo que vemos son 750 pinturas sobre madera independientes entre sí, realizadas por artistas probablemente procedentes del norte de África, que representan el paraíso coránico y los placeres de los sentidos y del espíritu que aguardan a los creyentes: árboles, monstruos, pavos reales, águilas; hombres sentados con las piernas cruzadas en actitudes cotidianas como beber o cazar; músicos con flautas, tambores, castañuelas y arpas; y escenas de danza.
Estas imágenes pertenecen a la iconografía secular islámica y simbolizan el deseo de una vida feliz después de la muerte; los artistas trabajaban para la gloria de Dios, y la perfección y el amor con que pintaron estas escenas testimonian la devoción con la que realizaron su obra, entendida según la tradición islámica como una forma de culto.
Obra escultórica y candelabro

Merece mención especial el candelabro monolítico de 4,26 metros de altura que se encuentra a la derecha junto al ambón y que aún se utiliza el día de Pascua, cuando el sacerdote lee el Evangelio con la luz de la vela colocada sobre él.
Esta obra escultórica en mármol blanco está dividida en cinco órdenes y descansa sobre cuatro leones que muerden a hombres y bestias; los leones son símbolo de los normandos. En la parte superior del candelabro destaca la figura de Cristo, representado con barba, sentado sobre un cojín y sosteniendo un libro; a sus pies aparece la figura de un hombre vestido de eclesiástico, probablemente Roger II, quien encargó la obra.
Información práctica para el visitante
Compra las entradas y confirma los horarios actuales en los canales oficiales de la capilla, ya que los horarios pueden variar por trabajos de restauración y algunas áreas pueden estar temporalmente cerradas.
La fundación que gestiona el sitio publica avisos sobre las obras de restauración y las disposiciones para los visitantes; consúltalos antes de planificar tu visita.
La Capilla Palatina forma parte del conjunto árabe‑normando de Palermo inscrito como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Comprueba los horarios el día anterior a tu visita; lleva un documento de identidad para posibles descuentos y considera contratar una visita guiada o un audioguía para apreciar plenamente la iconografía y el programa simbólico.
Info: Cappella Palatina
